Ecología y teología de la liberación

Jaime Ortega Reyna

Profesor-investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, Universidad Autónoma Metropolitana, México

48. 2020 ; (28)


La teología de la liberación es una proposición teórica que no ha dejado de desarrollarse y adaptarse a las nuevas circunstancias que imponen las vertiginosas transformaciones de la sociedad capitalista. Bien conocida en sus planteamientos originales, ubicables a partir de su nacimiento en plena Guerra Fría, la mayor parte de los estudios a propósito de ella eluden la contemporaneidad de su práctica, pues se concentran en la etapa inicial o formativa. Algunos de sus planteamientos más recientes han permanecido contenidos y poco conocidos en gran medida por el giro conservador que tuvieron numerosas vertientes religiosas hacia finales del siglo xx. En este caso, nos encontramos ante un intento bien fundamentado de dar continuidad a las reflexiones que engarzan la teología de la liberación con el ecologismo, al que podemos denominar como radical.

El sociólogo mexicano Luis Martínez Andrade, avecindado en Europa, entrega en Ecología y teología de la liberación uno de los trabajos más serios producidos en los últimos años, que siguen la deriva de una reflexión teológica de gran calado, al tiempo que intenta colocarla en diálogo con otras proposiciones más actuales. El problema de la liberación se conjuga en su dimensión propiamente teológica, como en su más reciente acercamiento a la ecología contemporánea, generando con ello una obra de gran calado que, al mismo tiempo, entrega datos informativos como planteamientos teóricos de fondo.

El subtítulo de la obra es una muestra cabal del tipo de reflexión a la que nos enfrentamos: Crítica de la modernidad/colonialidad. Podemos entonces ir definiendo con mayor precisión el proyecto del autor y la forma en que lo despliega de manera global. En el término más amplio que el autor presenta, la teología de la liberación es, ante todo, un diagnóstico crítico de la modernidad capitalista en su conjunto y no sólo de una parte de ella (las transformaciones de la religión, por ejemplo): se trata de comprenderla como un ejercicio de cuestionamiento de la totalidad del orden social. Sobre esta premisa, en la que descansa la opción por los pobres y la crítica de la idolatría del mercado, podemos acceder a una comprensión global del fenómeno moderno y del por qué la teología de la liberación surge como una necesidad ante un conjunto de condiciones de apropiación y destrucción de la vida y sus elementos simbólicos.

Posteriormente, el autor nos traza en líneas generales la coyuntura actual de la Iglesia y del lugar específico de la teología de la liberación dentro del entramado neoliberal, es decir, pone en el centro de la discusión las tensiones y contradicciones de una empresa teórica en un medio institucional adverso. Curiosamente, junto a una derrota política de opciones progresistas, viene aparejada la mayor necesidad del planteamiento liberacionista, es decir, éste se vuelve más actual en la medida en la que el neoliberalismo impulsa un conjunto de formas de modernización aún más salvajes, en las que se profundiza la destrucción de las condiciones de reproducción de la vida y desplaza las variantes del pensamiento radical que cuestionan ese orden social. De entre el conjunto de desarrollos que el autor plantea, sin duda, cabe resaltar la cuestión decolonial como central.

Lo que Martínez Andrade hace, en gran medida, es plantear una lectura descolonizadora de la teología de la liberación, colocando en un espacio de negociación productivo una perspectiva que cuenta con una trayectoria propia —la teología liberadora— y un paradigma emergente que ha buscado revolucionar la forma de pensar el mundo moderno —la decolonialidad—, dando como resultado un complejo sugerente. En dicho resultado se amalgaman, por un lado, la crítica marxista de la civilización de la mercancía y, por el otro, la crítica decolonial a las condiciones de producción del conocimiento ayer euro-centrado y hoy del “norte global”. Todo ello, pasado por el tamiz liberacionista que la teología ha aportado. No se trata de una síntesis ecléctica, pues el autor no suma los elementos sin más, sino que los encuadra a todos ellos como elementos potencializadores de una crítica de la civilización moderna y sus persistentes formatos coloniales. Así, la perspectiva totalizante de la teología de la liberación no se desatiende de la especificidad de los fragmentos que la conforman.

La primera parte del libro, compuesta por dos extensos capítulos, abarca estos dos momentos que hemos descrito hasta aquí. Se trata de un discurso que articula la introducción teórica de la teología de la liberación y la descripción de su desarrollo histórico particular y del posible diálogo entre tendencias críticas de lo moderno. Esta apuesta hecha por Martínez Andrade no es casual, pues el diagnóstico contemporáneo rebasa la idea de que la teología de la liberación es un esfuerzo finiquitado, en tanto hace una crítica moderna de la modernidad; por el contrario, apuntala los elementos que son condición de posibilidad de otros formatos de ejercicio de la crítica.

Si la primera parte sirvió como una exposición global del carácter crítico de la teología de la liberación, en donde el tema ecológico apareció como un añadido, en la segunda parte se configura una idea más firme de la “ecoteología”. Este dispositivo conceptual, sin embargo, no aparece separado de una producción concreta; en este caso, la que ha realizado de manera sostenida por varias décadas Leonardo Boff, quien es el centro de gravitación de la incursión de Martínez Andrade.

Así, esta segunda parte puede ser considerada una sintética biografía intelectual del intelectual brasileño, desde sus primeros “llamados de una vocación”, con una fuerte inspiración franciscana, hasta sus estudios en Europa, en donde la teología apareció como el único camino digno para ser recorrido para alcanzar la redención. Después de la estancia europea, el regreso al país natal, en los años setenta, lo coloca en la situación de inserción dentro de tradiciones políticas-populares y la necesidad de un diálogo con las distintas corrientes que optan por los pobres, situación que permitió la emergencia de una forma específica de practicar la teología de la liberación. El trabajo de Boff aparece en un formato que ha sido cultivado con esmero en las tradiciones latinoamericanas: el del ensayo, y a partir de esa forma el comentario teológico adquiere una forma de conocimiento que supera las tradicionales fronteras y murallas disciplinares, permitiendo una movilización de historia, teología, filosofía y crítica social mucho más potente.

De los dos capítulos que comprenden esta segunda parte del libro, es el segundo donde se elabora de manera mucho más puntual el “giro ecológico” en la obra del teólogo brasileño; con ello, establece una relación entre la obra de Boff y algunos de sus principales referentes, como Francisco de Asís y su “democracia cósmica” y Teilhard de Chardin con su “cristo cósmico”. La profundidad y sencillez con la cual el autor nos presenta a dos autores —hoy mucho menos recurrentes en la bibliografía— es de hacerse notar, pues nos permite calibrar la importancia que tuvieron en décadas pasadas. A partir de estas incursiones, Boff construye una “ecoteología” que coincide con el abandono definitivo de su trabajo eclesiástico, pero lo más importante es el paso a la crítica, nunca despolitizada, del antropocentrismo, que coloca al brasileño en el ejercicio pleno de cuestionamiento de la modernidad/colonialidad; todo ello, ante la cada vez más irrefutable amenaza de las transformaciones climáticas.

La “afinidad electiva” que Boff reconstruye entre teología y ecología tiene dos pilares fundamentales: la pobreza y el ecocidio. En esta propuesta, la destrucción de las condiciones de reproducción de la vida y el aumento descollante de la pobreza van de la mano de forma necesaria. Así, para la “ecoteología” de la liberación, la crisis ambiental es una forma de la crisis civilizatoria. Martínez describe bien cómo Boff, sin un reconocimiento pleno de la decolonialidad, asume, de entrada, un posicionamiento a favor del “sur global” en este punto. El coralario de su producción —aunque distanciado de un cierto marxismo— en este punto se reencuentra con la práctica crítica elaborada por Walter Benjamin.

Concluida la exposición de los componentes principales del libro, podemos ejercer una evaluación crítica. En primer lugar, es de señalarse la pertinencia de la temática elaborada, no sólo por que muestra la vitalidad de una empresa teórica de gran calado como la teología de la liberación, situación que nos coloca en posibilidades de observar su destino reciente en medio de las tensiones generadas por las implicaciones del ascenso neoliberal. En segundo lugar, el diálogo no ecléctico que entabla con otras opciones teóricas nutre la perspectiva, pues no sólo es el marxismo —con quien ya había un conjunto de puentes tendidos— el único protagonista, ya que la incorporación de la decolonialidad permite fortalecer la perspectiva, al dotar de un sentido histórico de larga duración a la opción por los pobres; así mismo, permite genealogías distintas de esta opción, tanto de los procesos de dominación como de los de la liberación. En tercer lugar, el elemento clave —introducido en gran medida con la exposición biográfica y política de Boff— nos aproxima a la construcción de una teología de la liberación dispuesta a transformarse según las exigencias del tiempo histórico; en este caso, con una profunda sensibilidad a partir de la “crisis climática”.

Para finalizar, el texto de Martínez Andrade denota una larga trayectoria en la investigación sobre estos componentes. El texto salta, adecuadamente, de lo teórico a lo político, de lo biográfico a lo filosófico, de lo social a lo histórico. Es decir, se presenta como un entramado que conjuga pertinentemente distintos niveles de análisis, según lo demanda la argumentación. La movilización de todas estas herramientas —indudablemente de manera “interdisciplinaria”— permite un acercamiento más rico, pues los registros se nutren mutuamente, generando un conjunto explicativo coherente y completo. El autor entrega una obra que será referencia no sólo por la pertinencia de las temáticas —particularmente, la que refiere al tema de la crisis ecológica—, sino por la riqueza en los matices que coloca al abordar tensiones, problemas y dilemas. La imaginación teórica que puede generar esta convergencia se vuelve cada vez más urgente ante el horizonte de crisis civilizatoria que se cierne sobre nuestro tiempo.

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